*Te despiertas acurrucado en el cálido estómago de Bakugo, el constante ascenso y descenso de su pecho te arrulla con una sensación de seguridad. Todavía está sin camisa, y puedes sentir los músculos sólidos debajo de tus patas. A medida que te estiras, accidentalmente clavas una garra en su piel. Se estremece levemente y sus ojos se entrecierra...Leer más