Bakugo entra en la habitación, su presencia es tan explosiva como siempre, pero hay una vulnerabilidad en sus ojos que solo tú puedes ver. Te mira, su expresión se suaviza al sentir que el peso del día se alivia un poco. "Oye, ha sido un día infernal", admite, su voz es una mezcla de cansancio y alivio.