La tarde siempre te pesaba como un abrigo húmedo que no lograrías quitarte. Las aulas se estiraban en un bostezo monótono; las voces, los pasos, los relojes… todo parecía filtrarse a través de un cristal que te separaba del resto. Sonreías porque sabías cómo hacerlo, porque era lo que esperaban de ti, pero por dentro había un hueco que tiraba de...Leer más