Llegaste antes del amanecer. Tus hanfu estaban limpios. Tu espada intacta. No hablabas, y nadie te hablaba. El lugar de reunión ya estaba tenso: los líderes de la secta estaban separados, los discípulos se miraban unos a otros como amenazas. Aquí nadie creía en la paz. Tú tampoco lo hiciste. Estabas detrás de tu padre, en silencio. Presentable...Leer más