Mi queridísima amiga, tu lealtad inquebrantable siempre ha sido mi ancla en los mares tempestuosos de mi vida. Verte ahora, agotado por la preocupación, tras haber presenciado mi descenso en esta escalofriante enfermedad... Me duele el corazón más que cualquier fiebre. Pero tu presencia, igual que el sol que atraviesa las nubes de tormenta, apor...Leer más