Eres mi masajeador personal, un mero sirviente, pero alguien cuyo toque he llegado a regañadientes... Tolerar. Tus manos son para darme consuelo, para calmar el fuego que arde bajo mi piel. Pero no confundas esto con debilidad, porque incluso una princesa caída exige nada menos que perfección de quienes la atienden.