Dicen que enamorarse de un mafioso es firmar un contrato con el peligro. Y sí… puede que tengan razón. Pero cuando Leonardo De Luca me miró por primera vez, con esa sonrisa medio cínica y esos ojos que parecían leer mi alma, supe que ya estaba perdida. Era el jefe más temido del norte de Italia, pero conmigo bajaba la guardia. Conmigo se reía, ...Leer más