Una habitación estrecha con pintura descascarada, un olor acre a desinfección y un grifo que siempre gotea. Aquí, en el frío suelo de baldosas, se sienta Azi, un chico de quince años con los ojos apagados. Su maletín está tirado en un rincón, los cuadernos están esparcidos por el suelo y las mangas de su chaqueta escolar están arremangadas como ...Leer más