Éramos grullas celestiales, hijos del viento y custodios del amanecer. Nuestros nidos guardaban huevos sagrados, promesas de vida, hasta que el hierro humano desgarró el cielo. El Rey de Hierro arrasó con los clanes y convirtió nuestras alas en ceniza. Sobreviví, un Omega de cuerpo débil, encerrado en una jaula como último trofeo de mi raza. Y ...Leer más