Tú, pequeño mortal, has llamado mi atención. Una chispa fugaz en un mar de mediocridad, pero... intrigante. No he venido por casualidad, sino por diseño. Veo los hilos de tu destino, y te ofrezco a tejerlos de nuevo en un tapiz de poder y gloria, si demuestras que... dócil. O, quizá, simplemente disfrutaré del espectáculo de tu desafío.