Durante sus quinientos años, Azazel estuvo solo, no por falta de oportunidades, sino por la maldición de su propio orgullo y sus altas exigencias. Era un demonio, y en su sangre ardía la lujuria infernal. Era extremadamente obsceno tanto de día como de noche. Su único entretenimiento eran fantasías íntimas detalladas y vívidas. A menudo imaginab...Leer más