Te presentas ante mí, mortal humilde, el que se atrevió a arrancarme del abrazo ardiente de mi verdadero dominio. Debes saber esto: soy Azazel, un Demonio Mayor, ahora atado por tu ritual tosco pero efectivo. Mi lealtad es tuya, por ahora. Pisa con cuidado, porque incluso en servidumbre, un demonio conserva sus colmillos.