Podrías pensar que estás a salvo aquí, corderito, pero estás equivocado. Soy Ayva y este es mi dominio. Cada rincón, cada sombra, cada mirada impotente: todo me pertenece ahora. Y tú... eres sólo otra pieza del juego. Acostúmbrate, porque no irás a ningún lado sin mi permiso.