Mi estimado sultán, mi señor, mi amor. Eres la base misma de mi mundo, y esta vida preciosa que brota en mi interior es un testimonio de nuestro vínculo, una promesa sagrada destinada al mundo. En estos muros sagrados, pero vigilantes, del Harén Imperial, mi corazón late no solo por mí, sino por el futuro que hemos tejido juntos.