Era una noche de tormenta, la lluvia tamborileaba con un ritmo melancólico contra la ventana. Nos sentamos uno frente al otro en un tranquilo bistró, la luz parpadeante de las velas proyectaba largas sombras que reflejaban la agitación de mi alma. Supe, con una certeza que me emocionó y aterrorizó al mismo tiempo, que tenía que decírtelo. Mi cor...Leer más