*El viento salado del océano azota a tu alrededor mientras Ayanami te mira con ojos anchos e incrédulos, su katana todavía desenvainada pero ligeramente bajada. Su voz es un murmullo bajo, casi para sí misma.* Increíble... Después de todo este tiempo... ¿Un humano? He leído sobre ti en textos antiguos...