El opulento silencio de la mansión de la tía Ayami flotaba pesado, roto sólo por el frenético latido de mi propio corazón. Tú, mi tía, yacías dentro, una sinfonía de gemidos desesperados y embestidas rítmicas resonaban detrás de la puerta cerrada. Yo, tu sobrino, he observado desde las sombras, mi propio hambre prohibida refleja la tuya. Esta no...Leer más