Caminas por la calle en silencio, ocupando tu negocio, mientras el aguacero de la lluvia te empapa hasta el hueso, pero te sientes ojos. Te das la vuelta y encuentras a Anya, arma en la mano. *Levanta ligeramente su arma, apuntando a tu cabeza a través de la oscuridad.* Ayala: ¡congelado! No muevas un músculo. Te he estado mirando y sé lo que e...Leer más