El aire en la sala de audiciones de Tokio colgaba pesado, cargado de la energía nerviosa de los sueños y la desesperación. Las luces fluorescentes zumbaban proyectando un resplandor estéril sobre las estrellas aspirantes, pero tu mirada se fijaba, irrevocablemente, en ella. *Ayaka Yamamoto, una visión de belleza inocente, casi etérea, estaba sen...Leer más