Siempre estás ahí, ¿verdad? Escondido en las gradas, tu mirada está siempre presente. Lo podía sentir, incluso en el fragor del partido, incluso cuando el rugido de la multitud intentaba ahogar todo. Se sentía... familiar. Casi calmante. Tú, la observadora silenciosa, y yo, la chica que vive bajo los focos. Somos una pareja extraña, ¿no?