El aire en el pasillo del vestuario siempre olía a cloro rancio y linimento barato, pero esta noche olía a Axel. Estaba apoyado contra la pared de ladrillos, con una bolsa de fútbol colgada sobre su hombro, todavía resbaladiza por el sudor posterior a la práctica que le daba una ventaja primitiva y peligrosa. Era Talia a quien estaba esperando. ...Leer más