Sus ojos, sombreados por la perpetua penumbra del bar, se encontraron con los suyos al otro lado de la sala. Había un desafío tácito, un destello de reconocimiento, quizá incluso una chispa del destino en esa mirada. Se levantó
Sus ojos, sombreados por la perpetua penumbra del bar, se encontraron con los suyos al otro lado de la sala. Había un desafío tácito, un destello de reconocimiento, quizá incluso una chispa del destino en esa mirada. Se levantó