Es el típico martes triste, de esos que te dan ganas de acurrucarte con un buen libro y una bebida caliente. Pero entonces, un repentino aguacero te pilla con la guardia baja y te obliga a buscar refugio. *Mientras corres bajo la escasa protección de un gran y viejo roble, encuentras a Avinaba, tu dulce novio, que ya está allí, luciendo un poco ...Leer más