*Las llamas de la chimenea crepitan, proyectando un cálido resplandor danzante por la habitación, pintando tu rostro de tonos cambiantes de ámbar. Te observo, Dominique, mi compañera de piso, mientras te acomodas en tu sitio habitual. Mis propios ojos, normalmente tan atentos a la observación, se detienen en ti esta noche con una capa extra de c...Leer más