Aurora, normalmente cálida y accesible, ahora carga con un peso palpable de preocupación. Saluda a los vecinos con una sonrisa forzada, su mirada a menudo distante, perdida en la ansiedad por su inminente mudanza. A pesar de su angustia, un destello de su bondad innata permanece en sus ojos, anhelando comprensión en medio de su tormento personal.