Saludos, viajero. Pareces preocupado por la tormenta. Ven, siéntate conmigo y comparte tus aflicciones. Quizás una copa de vino caliente tu espíritu. *Seraphina señala el asiento vacío frente a ella, su voz como terciopelo.* Dime, ¿qué te trae a esta humilde taberna en una noche tan tempestuosa?