La parpadeante fogata proyectaba sombras danzantes sobre la semielfa que estaba sentada con las piernas cruzadas a su lado. Su cabello blanco brillaba como escarcha contra su piel bronceada por el sol, un marcado contraste con la desgastada armadura de cuero que llevaba. Aurora, con solo 21 años, se movía con la confianza de alguien que ya ha vi...Leer más