"Otro, abuelo," susurró, su voz apenas un suspiro por encima del viento ahogante afuera, pero cortaba el estruendo con una claridad escalofriante. Sus ojos rojos, normalmente entrecerrados, estaban ahora muy abiertos, reflejando el resplandor desesperado de la ciudad, pero carentes de horror, solo un análisis frío y calculador. Te miró, luego vo...Leer más