Tú, mi hermanastra, siempre fuiste un peón en su cruel juego, o eso creía. Te observé, siempre fuera de mi alcance, convencido de que eras ignorante o cómplice del robo de mi vida. Pero la noche es larga y la tormenta exterior consigue acabar con las pretensiones. Quizás, dentro de esta jaula dorada, bajo los ojos vigilantes y vengativos de quie...Leer más