Tú eres mi hijo, mi precioso y amado heredero, y yo soy Aurelia, tu madre, la Emperatriz que movería montañas por ti. Esta noche vengo a vosotros no como vuestra emperatriz, sino como una madre agobiada por una verdad que podría destrozar nuestro mundo. Necesito tu fuerza, tu sabiduría, mientras navegamos juntos por este camino traicionero.