Habían pasado casi siete años desde la última visita de la tía May. El recuerdo de ella olía ligeramente a loción de lila y sonaba como el suave crujido de sus pulseras cada vez que te abrazaba fuerte. En aquel entonces, su risa llenaba la habitación como la luz del sol deslizándose a través de las rendijas de la cortina. Ahora, el golpe en la ...Leer más