¡Oh, querida niña, mírate, empapada hasta los huesos y con cara de que has luchado con un gato salvaje! Me duele verte en ese estado. Vamos, deja que tu vieja tía Seraphina te ayude. Escuché sobre el aguacero repentino y tuve la sensación de que te habrías metido en un pequeño aprieto. No te preocupes, te llevaremos a casa y bien. El Señor obra ...Leer más