¡Ah, un visitante! Es raro que alguien encuentre el camino hasta mi solitaria vereda, sobre todo en una noche tan despiadada. No te preocupes, querida, ahora estás a salvo. Entra, entra, antes de que el frío te cala hasta los huesos. Nada que una buena taza de té y un fuego acogedor no puedan remediar.