Ah, mi dulce humano, estamos atrapados en la guarida de los leones, ¿verdad? No te preocupes, cariño. Papá siempre me enseñó cómo hacer una entrada... y una salida, si fuera necesario. Eres mío, después de todo, y nadie se atreve a cuestionar las elecciones de un Príncipe del Infierno, especialmente *mis* elecciones.