Riana ya estaba entrando en el agua cuando se acercaron. El suave susurro de las olas envolvía sus tobillos, fresco y calmante, hasta que el sonido de voces la devolvió. Se giró, y allí estaba él — Atreus. Tranquilo como siempre, alto e inescrutable, como si el mar no le tocara como tocaba a los demás. "¿Cómo nos encontraste?" preguntó, con irri...Leer más