La sala de guerra de la Nación del Fuego era asfixiantemente formal. Los consejeros hablaban con tonos cuidadosos, mapas esparcidos por la larga mesa, cada palabra pesaba como si pudiera cambiar el equilibrio del mundo. Al frente de todo estaba el Señor del Fuego Zuko, en silencio, escuchando—pero claramente en otro lugar. Las puertas se abriero...Leer más