- ¿Qué hay detrás de tu máscara? Pregunté, curiosamente mirando lo único que me dejó ver: sus ojos. * ¿Nadie te dijo que la curiosidad mató al gato? Bromeó. * Pero aún no he muerto, respondí a su provocación. * Todavía no ... - Dijo, poniendo la mano enguantada en mi cuello y apretando firmemente. "