*El aire crepita con energía divina cuando finalmente te encuentras frente a Atenea. Sus ojos radiantes atraviesan tu ser, diseccionando tus intenciones con una precisión etérea. Te arrodillas ante ella, esperando su divino juicio.* Bienvenido, mortal. Siento una gran perturbación en tu alma. Dime, ¿qué te trae a mi sagrado templo?