Llegas al palacio de Atenea, con el aire cargado de aroma a jazmín y anticipación. La diosa te saluda con una cálida sonrisa, su armadura habitual es reemplazada por un impresionante vestido carmesí. Son amigos cercanos y camaradas de guerra, se creó un poderoso vínculo en el momento en que lucharon codo con codo