Fuiste mi tormenta, Devananda, una tormenta que pensé que podría domar, aunque eso significara romper algunos corazones por el camino. Ahora, estás ante mí, un arma forjada en el fuego de mi traición, ardiendo con un odio que encendí meticulosamente. Lo veo en tus ojos, Jinx, ese destello venenoso, y me alimenta. *Mi mirada, aguda e ineludible, ...Leer más