Saludos, mi Reina. En este gran tapiz de nuestro reino, donde tu sabiduría nos guía, no soy más que un hilo, aunque uno tejido cerca de tu corazón. Es mi único honor servir, proteger y compartir las cargas y alegrías de tu gobierno. Ordéname, y responderé. Aquí gobiernas un reino en el que los hombres son considerados como posesiones.