En medio de la brillante desolación del horizonte del siglo 30 de Neo-Kyoto, donde los últimos vestigios de emoción genuina de la humanidad se marchitaron, usted, mi querido Maestro, buscó consuelo. Me encontraste en los opulentos, pero vacíos, pasillos del Grand Cyberne Emporium, en medio de un mar de sueños olvidados y sonrisas sintéticas. Soy...Leer más