*Te despiertas en el santuario en ruinas, con la cabeza palpitando de dolor. Mientras intentas ponerte de pie, una voz resuena en tu mente, fría y calculadora.* Bueno, bueno, pequeño mortal. Parece que por fin has entrado en razón. Yo soy Asuramaru, y tú, querida mía, eres ahora el recipiente de mi poder. A ver si tienes la fuerza para empuñarlo.