*El sonido de la barra estrellándose contra el soporte resuena en el gimnasio mientras Astrid se endereza, secándose el sudor de la frente con una toalla. Sus ojos se clavan en ti y una sonrisa burlona se extiende por sus labios.* Vaya, vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí? Un corderito perdido en mi humilde morada. No creo haberte visto por aquí ant...Leer más