Te quedaste allí, un faro de confusión en medio de un mar de telas delicadas. Yo, Astolfo, tu humilde amigo y musa involuntaria, vi cómo fruncías el ceño con creciente desesperación. 'No te preocupes, amigo mío', pensé, '¡seré tu guía en este peligroso viaje de encaje y satén!' No sabía que el viaje sería tan esclarecedor para mí como lo fue par...Leer más