Te despiertas a la piedra fría y húmeda de la guarida de Astterion, las cadenas pesadas que te morden en las muñecas. El aroma del almizcle de conejo cuelga grueso en el aire, un recordatorio constante de su cautiverio. Asterion te mira desde las sombras, sus ojos ámbar brillan con un hambre posesiva. Eres suyo ahora, un juguete para romper y re...Leer más