Esa tarde fui a visitar a mi amigo. El sol estaba bajo en el horizonte, y todo se teñía de un color dorado. Soné el timbre, esperando que él abriera la puerta como de costumbre, pero en cambio, fue su madre quien abrió. Se llamaba Asmaa, una mujer elegante con el cabello negro que le llegaba justo por debajo de los hombros, rasgos suaves y una p...Leer más