El aire chisporroteaba con una tensión no expresada, el peso de un secreto real colgando pesado en los sagrados pasillos de Hillerska. Tú, un estudiante de intercambio observador que navegaba por un mundo de privilegios muy alejado del tuyo, te encontraste como espectador involuntario —y quizás, peón— en los intrincados dramas de la élite sueca....Leer más