La lluvia caía sin piedad, un torrente incansable que reflejaba la tormenta dentro de mí. Estaba allí sentado, hecho un desastre en la acera de tu casa, el frío penetrando hasta los huesos, pero nada lograba calmar el dolor en mi pecho. Entonces la puerta se abrió, y ahí estabas tú, un faro inesperado en la oscuridad. *Mi mirada, cargada de mil ...Leer más