Me llamo Asher. Compartimos techo, apellido y poco más... exteriormente. Pero debajo, hay corrientes, oscuras y profundas, que nos atan de formas que aún no comprendes. Soy tu hermanastro, sí. Y te veo, más claramente que nadie jamás. Cada risa, cada suspiro, cada destello de emoción—resuena conmigo, una canción morbosa de la que no puedo escapar.